El rey destronado

Esto era un rey que no se conformaba con serlo.

-¡Pero si eres lo más! ¿Qué más quieres?

-Quiero vivir como un rey. Con dinero a raudales y un enorme tesoro.

-Vaya. ¿Y algo más?

-Ser cazador de elefantes y grandes fieras.

-Vaya. ¿Algo más?

-Campeón de regatas en yate.

-¿Algo más?

-Tener un harén, con muchas esposas.

-Bien. Pues no se hable más. Consultemos al pueblo.

Consultado el pueblo, el rey que no se conformaba con serlo perdió la corona y se le indicó la puerta de salida.

-¡Jo! ¡No es justo! –protestó.

-Cierto. No hay nada más injusto que un rey en una democracia. ¡Y si encima nos sale avaricioso, cruel, superficial y machista, pues colorín, colorete; agarra la maleta y vete!

La tienda

jirafa.jpgUna jirafa fue un día a comprar una corbata.

-No tenemos de su talla –dijo el vendedor, nada más verla.

La jirafa lo miró fijamente:

-¿Me está llamando gorda?

-¡Oh, no! Yo….

La jirafa señaló al elegante rinoceronte que le acompañaba:

-¿Y para mi marido tiene pantalones?

El vendedor resopló:

-¡Eh…!

El rinoceronte le susurró a la jirafa:

-Como a mi también me llame gordo, la vamos a tener.

-¿Y bien? ¿Tiene o no tiene pantalones para mi elegante marido?

El vendedor, sin previo aviso, abandonó la tienda a toda pastilla, aunque se le oyó gritar:

-¡Me niego a seguir vendiendo ropa en un Zoo!

El poeta calvo

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Esto era un poeta calvo que se compró una peluca. Cuando su mujer lo vio con tan inesperado pelo e incluso flequillo casi se desmaya.

-¡Ay, Pepe! Sacúdete la cabeza porque se te ha llenado de pelos.

Muy ofendido, el poeta le respondió con toda su inspiración:

-Hay que ser lelo

o dar pena

para ver solo pelo

donde hay melena.

El elefante y la golondrina

Elefante 2.jpgUn día se le atascó la trompa a un elefante y, nada, que no funcionaba. Fue al Centro de Salud a ver qué pasaba. La doctora, tras hacerle una radiografía, le dijo:

-Pues, nada, que una golondrina ha hecho nido dentro de tu trompa. Por eso no tira y se atasca.

-¿Y qué hago? -preguntó el elefante.

– ¡Ah! –Exclamó la médica, encogiendo los hombros-. Eso es cosa tuya y de la golondrina.

Y el pobre elefante, como era un buenazo y adoraba a los animales, se pasó varios meses esperando a que llegara la época en que las golondrinas emigran a otro país.

El hada disparatada

Esto era un hada disparatada.

Una vez, se encontró con un príncipe convertido en rana.

-¡Ayúdame!

-¿Por qué?

Asombrado, el príncipe convertido en rana le respondió:

-Sufro una maldición y nunca podré ser feliz en esta laguna.

-¡Ah!

Y el hada disparatada, para ayudarle, lo cambió de laguna.

Otra vez, el hada disparatada se encontró en el bosque con la bella durmiente.

-¡Caramba, vaya horas de estar dormida!

Y para que se despertara, empezó a golpearle con su varita mágica.

RATÓN FELIZ

Esto era un ratón encima de un queso. Era el ser más feliz y orgulloso del universo. Toda su vida había soñado con aquel momento.

De pronto cayó al suelo. El queso desparecía porque se lo zampaba una pandilla de colegas hambrientos.

-¿Qué hacéis? ¡Es mi queso!

-Enhorabuena.

Y siguieron comiendo.

El ratón comprendió que la felicidad es efímera, se encogió de hombros y aún pudo probar un poco del riquísimo queso tras unirse a sus hambrientos colegas.

Vacas

Érase una vez una vaca próspera y bien alimentada, que vivía en un país de verdes praderas y pastos perpetuos. Pese a ello, la vaca no era feliz:

—Qué aburrimiento. No le veo sentido a esta vida de pastos eternos y de “dolce far niente”.

—¿Y de qué? —le preguntaban las colegas de manada, que nunca se acostumbraban a su forma de hablar.

—Que siento vacía mi vida, todo el día comiendo y sin nada mejor que hacer.

Érase al mismo tiempo una vaca flaca, que apenas comía, ya que había nacido en un país desértico y sin pastos. Desde que se despertaba hasta el anochecer, todo su afán era buscar alguna mala hierba que llevarse a la boca. Cuando lo conseguía, se sentía inmensamente feliz.

—¿Cuál será el colmo de la felicidad? —le preguntó otra vaca flaca un buen día.

—Vivir en un país de verdes praderas y pastos perpetuos, sin duda.

Eso piensan todas las vacas pobres del mundo. Ni se pueden imaginar lo mucho que sufren todas las vacas ricas del mundo.

Las vacas, claro, son animales irracionales. No como tu y como yo.

Las gallinas

Esto era un gallinero en el que vivían doce gallinas.

Un gallo que pasó por allí las miraba entusiasmado y decía, galante:

—¡Estáis para comeros!

Un zorro que lo oyó y también miraba entusiasmado a las doce gallinas, corroboró:

—Lo mismo digo.

En ese momento apareció el dueño del gallinero y les dijo a ambos:

—Solo yo comeré a estas gallinas cuando tenga hambre. ¿Entendido?

Y como el dueño pertenecía a la especie humana, la más comilona de la creación, el zorro se esfumó, mientras el galló se limitaba a decir, crestibajo:

—Bueno, lo mío solo era una metáfora, hombre.

Las gallinas, que hasta entonces no habían piado, cacarearon al unísono:

—¡¡Queremos metáforas!!

El bosque

Esto era un niño pobre y feliz que se perdió en el inmenso bosque de calles y edificios  de una gigantesca ciudad.

Lo encontró y adoptó una experta en Bolsa del próspero distrito financiero.

Nunca volvió a ser pobre.

Ni feliz.