El rey Cencerro

Esto era un rey que soñaba con tener todas las riquezas del mundo.

—¿Y para qué quiere tanto? -Le preguntaron.

—Para matar mi ambición y vivir feliz sin desear más de lo que tenga.

Los consejeros se apresuraron a convocar a los mejores siquiatras del reino..

—A ver si podéis hacer algo. Su Majestad está como como un cencerro.

Desde ese día lo llamaron así, el rey Cencerro, y le obligaban a hacer ejercicio a todas horas para que no tuviera tiempo de soñar tonterías.

El murciélago

Un murciélago chico se encontró un día con una chica murciélago.

-¿Tienes novio? -le preguntó.

-No.

-¿Salimos juntos?

La chica murciélago miró al murciélago chico con gran intensidad.

-Te estás confundiendo conmigo.

-¿No te gustan los chicos?

-Ni los murciélagos. ¡Soy una vampiro!

Y se transformó en humana para demostrárselo.

Al vampiro se le pasó la bobada de inmediato, salió volando y jamás se volvieron a ver.

Los dos pintores

Esto era un pintor de brocha gorda que se encontró con un pintor de cuadros.

—Yo soy más pintor que tú -le dijo, sin complejos.

—¿Y eso?

—Tu solo pintas cuadros, yo pinto la vida.

—Tu das color a los objetos. Eso no es pintar. 

—Yo pinto las casas, las calles, las vallas y farolas, las paredes. Sin mí no habría otros colores que los naturales -insistió el pintor de brocha gorda.

—Yo vuelvo a crear la realidad, la misma u otra, en mis cuadros. No compares. Tú eres artesano y yo un artista.

El pintor de brocha gorda se quedó pensativo.

—En eso sí levas razón. Porque lo mío, en efecto, es Arte Sano. Lo tuyo…

Y se marchó contento, con sus brochas gordas, mono blanco, caldero de pintura y escaleras, sin decir ni adiós.

Moraleja: 

el arte es arte 

sin que nadie lo defienda

ni en todo ni en parte.

Por qué emigran las golondrinas

Esto era una golondrina llamado Adelita que se encontró un día con un pájaro de cuenta llamado Simón.

—¿Y qué es un pájaro de cuenta? -Le preguntó.

Simón se limpió el pico con chulería.

—Pues un pájaro que sabe de sumas y restas, divisiones y multiplicaciones.

—¡Caramba, qué interesante!

—No creas una palabra. Un pájaro de cuenta es del último del que te puedes fiar -dijo otro pájaro que acababa de posarse en una rama cercana.

—¿Tú quién eres? -preguntó Adelita.

—Un pájaro de cuidado. Me llamó Guillermo.

El pájaro de cuenta llamado Simón, silbó muy molesto:

—¿Y un pájaro de cuidado es acaso mejor?

—Bueno -dijo el aludido, echándose de nuevo a volar-. Ambos somos unos pajarracos, la verdad.

La golondrina, con súbito dolor de cabeza, decidió cambiar de aires. Y por eso todos los años las golondrinas emigran. Para evitar a los pájaros de cuenta, a los de cuidado y a todos los pajarracos.

Los hijos de Eleno

Tres eran tres los hijos de Eleno,

tres era tres y ninguno era bueno.

 

El mayor, Abraham, tenía un cerdo

y lo cambió por una bufanda

en el primer mercado de enero,

—¿Tu eres tonto? -le dijo su padre.

—No, señor. Solo un poco friolero.

 

El segundo, que era Timoteo,

se construyó una mansión enorme

y muy bonita, pero sin techo.

—¿Tu estás loco? -le dijo su padre.

—Es que así veo mejor el cielo.

 

Y Camilo, que era el más pequeño,

nunca hizo nada de utilidad

o con algún tipo de provecho.

—¿Tú que eres?, le preguntó su padre.

—Pues yo soy el más listo y despierto

porque no haciendo nada de nada

nadie me llamará hijo de Eleno.

 

Tres era tres los hijos de Eleno

Tres eran tres y ninguno era bueno.

La vampira vegana

La niña vampira dijo un día a sus papás vampiros.

—Dejo de chupar sangre, os aviso.

—¿Qué?

—Ahora soy vegana…

—Necesitas alimentarte.

—Beberé licor de frambuesa. Y zumos de fresa o de tomate. Todo lo que sea rojo, creo que me irá bien.

—¿Pero por qué?

—Alimentarse de sangre no es sostenible. Si acabamos con los demás seres vivos, ¿con qué nos alimentaremos después?

A sus papás vampiros le entró dolor de cabeza. Y se fueron al féretro a echar una cabezadita.

Pequeño Pegaso

Esto era un caballo con alas.

—Mal asunto -dijo el veterinario cuando nació.

—¿No tiene cura? -preguntó yegua Madre, preocupada.

—Habrá que amputar.

Con un potente coz, caballo Padre envió al veterinario al espacio exterior.

—Los hijos son como son -se limitó a comentar.

Y se fue con pequeño Pegaso y con yegua Madre a a las verdes praderas del exterior.

La presentadora

Minicuentos del 8-M (y 7)

El director del concurso televisivo le dijo a la presentadora recién contratada:

-Mañana empezamos la grabación. Ven muy elegante, con un buen escote, falda corta y tacones de aguja.

-¿Y el presentador? ¿Como irá él?

-Los hombres, ya sabes; como quiera, informal y calzado deportivo. 

-De acuerdo, pues vendré como quiera, informal y con calzado deportivo.

-Creo que no me has entendido.

-Creo que te he entendido demasiado bien. Repíteme lo de antes y los tacones de aguja los llevarás tú, ya veremos si en los pies.

Al director del concurso le dio un soponcio del que tardó mucho en recuperarse. Así que nombraron en su lugar a una directora y todo empezó a ir bastante mejor.

No es no

Minicuentos del 8-M (6)

El hombre guiñó un ojo a la joven que había salido a tomar el sol sobre unos peñascos, junto al mar.

-¿Nos tomamos algo?

-Sin duda. Yo tomo el sol y tú más vale que tomes las Villadiego.

-No entiendo.

-¿No?

-No.

-Pues te traduzco: no es no. Y te lo amplío: lee mis labios, hasta nunca y adiós.

El empezó a rascarse ambas orejas, sin mirarla más.

-¡Uf! No se oye nada. Qué ruido, con tanto oleaje.

Y desapareció, mientras ella, sonriendo, seguía tomando el sol.

Moraleja: el ligón barato tiene sorderas de campeonato.

El machista

Minicuentos del 8-M (5)

Esto era un machista que se levantó un día con la inteligencia despierta. 

—¿No te da vergüenza? -le dijo ésta.

—¿El qué?

—Ser como eres.

El machista encontró el interruptor cerebral que buscaba y apagó la inteligencia.

—No. Ya no.

La lavandera y el río

Minicuentos del 8-M (4)

Una mujer fue un día a lavar al río los calzones del marido.

El río protestó:

-No me traigas guarradas y menos de culo ajeno.

La mujer casi se cae.

-¿Desde cuándo hablan los ríos?

-Desde que se hartaron de algunas cosas. ¿Lavan ellos vuestra ropa?

-¡Jesús, María y José! ¡Qué río tan rojo!

-Morado, querrás decir. Y no me llames río, porque soy agua.

La mujer arrojó a un lado la ropa sucia. Había perdido las ganas de lavar y quiso abrazarlo. Pero como no sabía, se metió en el agua y dejó que la abrazara él. O sea, ella.

-Por fin alguien con quien hablar -se le oyó susurrar también.

DEPRE

Minicuentos del 8-M (3)

Cuentan de una chica que un día tan depre y mísera estaba que solo se alimentaba de alguna que otra sonrisa.

-¿Habrá alguien que dé más pena que yo?

Y cuando el rostro volvió halló la respuesta viendo a un tipo que no conocía jurándole eterno amor.

Filomeno

Minicuentos del 8-M (2)

Cierta vampira le dijo una noche a su compañero de gruta:

-He perdido mis colmillos, Filomeno. Si no muero de hambre, moriré de sed.

-Déjalo de mi cuenta -respondió él, descolgándose del techo y echando a volar.

Nunca volvió.

-Es lo que me gusta de ellos -pensó la vampira-. Ponles cualquier obstáculo y te dejan en paz.

Y sonrió, mostrando sus afilados y hermosos colmillos que nunca había llegado a perder.

Tres hijos

Minicuentos del 8-M (1)

Esto era una reina que tenía tres hijos, los metió en tres botijos y los tapó con  pez.

-Al fin solas -suspiró después

Y reinó muy feliz con sus tres hijas el resto de sus días allá por Valladolid.