El conde Fantasmácula

Erase una vez un fantasmita que quería ser vampiro.

-¿Estás tonto o qué? No se puede ser las dos cosas –le dijeron.

-¿Por qué?

-Porque los vampiros se alimentan de sangre y los fantasmas no se alimentan.

El fantasmita se echó a llorar.

-¡Estoy harto de llevar siempre una sábana! ¡Yo quiero ponerme una capa chula como la de los vampiros!

-Haberlo dicho antes. Eso sí que se puede arreglar. Trae tu sábana.

Se la tiñeron de rojo y negro, le hicieron unos cuantos cortes y cosidos, y se la devolvieron convertida en bellísima capa:

-Aquí tiene su capa, señor Conde Fantasmácula…

-¡¡Soy feliz!! ¡¡Muchas gracias!!

La ciudad sin vampiros

La legendaria ciudad de Zamora, en España, celebra cada año una popular Feria del Ajo, en sus fiestas de San Pedro. Y cuentan que un año, en plena Feria del Ajo, llegó a la ciudad un vampiro. Su refinado olfato no tardó en enviarle señales de alarma:

-¿Maldita sea? ¿Por qué huele que espanta?

-Es San Pedro, señor. Todos los cultivadores de ajos de los alrededores traen este día su mercancía para venderla.

-¿Todos son muchos?

-Cientos.

-¿Y dónde venden los ajos?

-En plena calle.

Cada vez más pálido y nervioso, el vampiro preguntó de nuevo:

-¿En qué calle?

-En esta de al lado, señor. Tiene usted suerte. En cuatro pasos desde el hotel, podrá usted pasear por una avenida llena y requetellena de riquísimos ajos.

-¡¡¡Agggggjjjj…!!!

El vampiro se puso a morir y llamaron a una ambulancia, pero el vampiro balbuceó:

-No quiero salir del hotel hasta que desaparezcan los ajos.

Lo acomodaron en la mejor de las suites y el director del hotel, apenado, le dijo a su mejor empleado:

-Pobre, hombre. Está comatoso. Mira, para que se recupere, di en cocina que le preparen unas buenas sopas…. ¡de ajo! Y que se las hagan comer, quiera o no, por que eso resucita a un muerto.

Pero sucedió al revés y el vampiro palmó, tras verse obligado a comerlas.

Y se cuenta que por eso Zamora es la única ciudad el mundo a la que jamás atacarán los vampiros. No por los ajos y su famosa Feria,  sino porque los zamoranos, como se empeñen en que te comas algo, ¡ya les puedes decir que no!