El orangután, el tigre y la gacela

OrangutanUn orangután fue un día a ver a su vecino el tigre.

-Tu eres un delincuente -le soltó sin más.

El tigre, famoso por su mal genio, le dio el primero rugido de advertencia.

-¿Eso a qué viene?

-La gacela me ha dicho que la tienes hasta las nalgas de tanto correr. Que la dejes en paz y comas plátanos como yo u hojas de los árboles como las jirafas.

El tigre soltó un segundo rugido.

-Dile a la gacela que gracias a mi tiene el tipo que tiene. Si me hiciera vegetariano, ella se convertiría en un hipopótamo, de tanto estar tumbada sin hacer ejercicio.

El orangután se rascó la cabeza, confuso.

-¡Oh! En eso no había pensando. Ni ella ni yo.

Y por donde vino, se fue.

Millón y más

jajajaEsto era un blog con más de un millón de amigos.

-¡Hala! ¿Y a cada uno le cuentas una cosa?

-¡No fastidies! A todos les cuento lo mismo.

-Pues qué aburrimiento.

-De eso nada, monada; porque mi blog es de minicuentos.

-¡Guay del Paraguay! Apúntame a mi también.

-¡Marchando aún más amigos! ¡Jajajaja…!

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(Como hemos sobrepasado el millón de visitas, permitid la inmodestia de un auto-homenaje)

¡Quiero ser mayor!

10255562-dibujos-animados-santa-claus-dando-pulgares-arriba--ilustracion-3d-de-alta-calidadEsto era un niño que quería hacerse mayor. Se lo dijo en su carta a Santa Claus. Y Santa Claus decidió ir a verlo.

-¿No prefieres un regalo normal? –Le preguntó.

-No. Yo, como regalo de este año, quiero ser mayor

Santa Claus se rascó el gorro.

-Vaya. Hay un problema.

-¿Cuál?

-Ese regalo me llevará tiempo.

-¿Mucho?

-Sí, varios años. Pero te garantizo que dentro de varios años serás mayor.

-¿De verdad?

-Palabra de Santa Claus.

-Pues no se hable más. ¡Hay trato!

Y Santa Claus aquel año se ahorró uno de sus regalos. ¿Creéis que hizo mal?

El perro que quería ser gente (y III)

XXDLI3HA15Z0F5V2Tras su fracaso con los expertos en lenguaje y andares, el perro que quería ser gente fue a ver a un hombre sabio de la ciudad.

-Enséñeme a pensar como usted.

-¿Para qué?

-Quiero ser hombre.

El que ya era hombre y además sabio lo miró sorprendido.

-Me parece que ya lo has empezado a ser.

El perro movió el rabo con entusiasmo:

-¿De verás?

-¡Oh, sí! Al contrario que los hombres, los animales son demasiado sensatos como para aspirar a ser lo que nunca fueron.

El perro que quería ser gente tardó un poco en entenderlo. ¿Y tú?

 

El piojo

Esto era un piojo muy picajoso. Se picaba por cualquier tontería.

-¡Qué grande eres! –le decía por ejemplo un amigo.

Y el piojo saltaba de inmediato:

-¡Mentira! Jamás seré grande ni lo quiero ser.

O le decía otro, al cruzarse con él:

-Qué bien te veo, piojillo.

-¡Mentira! Soy pequeñajo y nadie me puede ver bien.

Hasta que un día, un pariente le dijo:

-Oye, si eres un piojo y lo tuyo es picar a otros, ¿se puede saber por qué te picas tu con tanta facilidad?

El piojo se encogió de  hombros:

-Me van los piques. De modo que cierra el pico. O vete a la mina a picar.

Simón

Esto era un niño guapisimo al que todo el mundo decía:

-¡Qué guapo! Pareces un ángel.

-De Ángel nada, me llamo Simón -decía él.

Llegó a la adolescencia, la cara se le llenó de granos y la gente le decía.

-¡Jesús, cómo te has puesto!

-De Jesús nada, me llamo Simón -contestaba él.

Se hizo mayor, se le cayó el pelo, le empezaron a faltar dientes y le decía la gente:

-¡Se te ve bien, Matusalén.

-¡De Matusalén nada,  me llamó Simón!

Y como lo oyera un nieto pequeño que apenas sabía hablar, balbuceó:

-Sí, mon…

El abuelo casi se lo comió a besos.

La lombriz

En una convención de gusanos, dijo la lombriz de tierra:

-A veces me desespero, porque pocas vidas puede haber tan arrastradas como la mía.

-Mira, vamos a dejar el tema… -le respondió, con cara de pocos amigos, la lombriz intestinal.

LA VACA CHOCOLATERA

Y después de todo el desfile de nuestra Gran Semana de la Vaca, ha llegado por fin la gran estrella: LA VACA CHOCOLATERA.

Esto era una vez un chico que regaló  su hermano gemelo una vaca lechera, para que siempre pudiera beber riquísima leche recién ordeñada.

Su hermano, agradecido, decidió corresponderle con un regalo aún mejor: ¡una vaca chocolatera! para que siempre pudiera desayunar chocolate caliente y recién ordeñado…

Lo malo es que este cuento no es Mini; es Maxi; o sea, extenso, largo y divertidísimo. No cabe aquí y te lo ofrezco en ebook.

Lo puedes comprar en Amazón. Cuesta 2,99 euros.