Un rey feliz (II)

13 agosto 2019

Había una vez un rey que no tenía reino ni nada. Pero tenía una reina muy guapa, una princesa lindísima y un caballo con alas.

Era el rey más feliz de todos los cuentos de hadas.


Un rey feliz (I)

5 agosto 2019

Esto era un rey que no tenía ministros ni caballeros. Solo tenía un castillo y un buen cocinero. Así que era un rey feliz con los más exquisitos buñuelos.


Un rey demócrata

12 septiembre 2018

Esto era un rey que amaba la democracia.

-Yo no soy más que nadie –declaró en cuanto lo coronaron.

-Pues cámbiate conmigo, que quiero probar ese sillón –dijo su cocinera, apartándolo del trono de un codazo.

El rey se fue a la cocina y se puso a pelar patatas.

-A lo mejor debía de haberme callado –suspiró.


Príncipe heredero

4 marzo 2014
rey_Esto era un príncipe que quería ser rey.
-Papá, ¿cuándo me toca?
Su padre, que tenía 99 años, le respondió:
-Ya sabes cómo va esto, cuando no esté yo, te tocará a ti.
El rey había sido padre a los 20 años. Y el príncipe, de natural optimista, sonrió.
-No hay prisa, fafá.
Había querido decir papá, pero al no tener dientes las “p” le salían fatal.

Un cuento muy dulce

2 marzo 2014

corona reinaEsto era una reina que quería dejar de serlo.
Un día le dijo al rey:
–¿Cómo te sentaría no estar casado con una reina?
El le respondió, con la mejor de sus sonrisas:
-Mira, con la corona haz lo que quieras; pero tu siempre serás mi reina.
Esto sucedió en el Reino de Almíbar, situado en el Valle de los Caramelos,  junto al los montes de Regaliz. ¿Dónde, si no?

El ladrón recompensado

9 enero 2014

213xEsto era un rey que tenía un dolor fuerte, fuerte.

–Daré una gran recompensa a quien me lo QUITE -aseguró.

Y la recompensa se la llevó… ¡El mayor ladrón del reino!

–¿Quien mejor que yo para QUITAR algo? -aseguró el ganador a cuantos quisieron oírle.

(En algunas zonas de España, quitar es sinónimo de robar)

 


El rey sin corona

30 octubre 2013

550px-Corona_real_española.svgEsto era una rey que perdió la corona.

Iba con ella por el campo, porque nunca se la quitaba. Se puso a recoger amapolas para la reina y cuando quiso darse cuenta tenía la cabeza pelada. O sea, sin corona.

-Pensemos -se dijo el rey, para darse tranquilidad-. Muy lejos no puede estar, porque las coronas por si mismas no se mueven.

Volvió sobre sus pasos, mirando el suelo. Vio sus pisadas, las huellas dejadas donde cortó amapolas e incluso el lugar en el que se tumbó un momento, en plan descanso bucólico. Nada. De la corona, ni rastro.

-Que no cunda el pánico -se dijo el rey, porque empezaba a temer lo peor-. Si no encuentro la corona, que me hagan otra y ya está.

Y volvió al castillo, con la cabeza pelada. El puente levadizo estaba arriba, por lo que gritó a los guardianes:

-¡Abrid! ¡Soy el rey!

-¡Ja! -replicó un guardián, despectivo-. No tienes corona. Lárgate o disparo un flecha.

-¡Qué soy el rey, hombre! ¡Lo que pasa es que perdí la corona!

Una flecha pasó silbando junto a su oreja derecha.

-¡La próxima no fallará! -Gritaron desde lo alto de la muralla.

-Salvo la muerte, todo tiene solución en esta vida -se dijo el rey para atajar el susto, mientras se alejaba a toda pastilla.

Volvió al campo de amapolas. Buscó y rebuscó. No encontró la corona.

Pero ocurrió algo mejor: tuvo una idea. Empezó a trenzar las amapolas que había recogido para la reina e hizo con ellas una preciosa corona roja. Se la puso en la cabeza y volvió al castillo. No tuvo ni que decir hola:

-¡Abrid al Rey! -dijeron desde lo alto en cuanto lo vieron.

Y él, sacando pecho, se iba diciendo:

-Pensamiento positivo, chaval; esa es la clave.