Príncipe heredero

4 marzo 2014
rey_Esto era un príncipe que quería ser rey.
-Papá, ¿cuándo me toca?
Su padre, que tenía 99 años, le respondió:
-Ya sabes cómo va esto, cuando no esté yo, te tocará a ti.
El rey había sido padre a los 20 años. Y el príncipe, de natural optimista, sonrió.
-No hay prisa, fafá.
Había querido decir papá, pero al no tener dientes las “p” le salían fatal.

Un cuento muy dulce

2 marzo 2014

corona reinaEsto era una reina que quería dejar de serlo.
Un día le dijo al rey:
–¿Cómo te sentaría no estar casado con una reina?
El le respondió, con la mejor de sus sonrisas:
-Mira, con la corona haz lo que quieras; pero tu siempre serás mi reina.
Esto sucedió en el Reino de Almíbar, situado en el Valle de los Caramelos,  junto al los montes de Regaliz. ¿Dónde, si no?

El ladrón recompensado

9 enero 2014

213xEsto era un rey que tenía un dolor fuerte, fuerte.

–Daré una gran recompensa a quien me lo QUITE -aseguró.

Y la recompensa se la llevó… ¡El mayor ladrón del reino!

–¿Quien mejor que yo para QUITAR algo? -aseguró el ganador a cuantos quisieron oírle.

(En algunas zonas de España, quitar es sinónimo de robar)

 


El rey sin corona

30 octubre 2013

550px-Corona_real_española.svgEsto era una rey que perdió la corona.

Iba con ella por el campo, porque nunca se la quitaba. Se puso a recoger amapolas para la reina y cuando quiso darse cuenta tenía la cabeza pelada. O sea, sin corona.

-Pensemos -se dijo el rey, para darse tranquilidad-. Muy lejos no puede estar, porque las coronas por si mismas no se mueven.

Volvió sobre sus pasos, mirando el suelo. Vio sus pisadas, las huellas dejadas donde cortó amapolas e incluso el lugar en el que se tumbó un momento, en plan descanso bucólico. Nada. De la corona, ni rastro.

-Que no cunda el pánico -se dijo el rey, porque empezaba a temer lo peor-. Si no encuentro la corona, que me hagan otra y ya está.

Y volvió al castillo, con la cabeza pelada. El puente levadizo estaba arriba, por lo que gritó a los guardianes:

-¡Abrid! ¡Soy el rey!

-¡Ja! -replicó un guardián, despectivo-. No tienes corona. Lárgate o disparo un flecha.

-¡Qué soy el rey, hombre! ¡Lo que pasa es que perdí la corona!

Una flecha pasó silbando junto a su oreja derecha.

-¡La próxima no fallará! -Gritaron desde lo alto de la muralla.

-Salvo la muerte, todo tiene solución en esta vida -se dijo el rey para atajar el susto, mientras se alejaba a toda pastilla.

Volvió al campo de amapolas. Buscó y rebuscó. No encontró la corona.

Pero ocurrió algo mejor: tuvo una idea. Empezó a trenzar las amapolas que había recogido para la reina e hizo con ellas una preciosa corona roja. Se la puso en la cabeza y volvió al castillo. No tuvo ni que decir hola:

-¡Abrid al Rey! -dijeron desde lo alto en cuanto lo vieron.

Y él, sacando pecho, se iba diciendo:

-Pensamiento positivo, chaval; esa es la clave.


La reina Berenjena

9 agosto 2013

mini-berenjenaEsto era una reina

a la que llamaban

Berenjena

por tener una nariz

terriblemente fea.

“Arregla esta cosa

y te colmaré de riquezas”.

Eso dijo un día

a su mejor hechicera.

Pero solo obtuvo

la siguiente respuesta:

“Tal y como es

tu nariz es perfecta

pues huele las rosas

y la lluvia de tormenta”.

Suspiro resignada

la reina Berenjena:

“¡Como se nota

que esta mujer es ciega!”


Mariano y el rey

25 febrero 2013

coronaEsto era un rey sin corona al que un día le llegó su primer ministro, muy alterado.

-¡Dimito, Majestad!

-Pero hombre, Maríano, ¿qué te sucede? -le dijo el rey, confianzudo y campechano.

-¡Estoy hasta la coronilla!

El rey rió de buen grado.

-¿Lo ves? ¿Por qué crees que yo soy un rey sin corona?

El primero ministro lo miró perplejo.

-No entiendo…

-Yo, corona; tu, coronilla… ¿No lo coges?

El primer ministro volvió a su despacho, murmurando entre dientes:

-¡Esto es la monda! Hasta el rey se cree un chistoso.

El rey se recostó en su sillón y murmuró cuando volvió a quedar solo:

-Con éstos, o te haces el tonto o te la preparan…

Y colorín, colorado.


La princesa y el peine

29 octubre 2012

Esto era una princesa muy, pero que muy caprichosa. Tenía a sus papás hasta la mismísima corona real con sus caprichos. Un día le dijeron:

-Tu problema es que no sabes ni lo que vale un peine.

-¿Y qué vale un peine? –preguntó ella.

-Depende de su calidad –respondió la reina.

La princesa rió:

-¡Ja! ¡Vosotros tampoco sabéis!

El rey suspiró:

-A ver, hija. Solo era una forma de hablar. Queremos decir que tu problema es que has nacido en un palacio y no tienes ni idea del valor de las cosas en general.

La princesa se quedó pensativa.

-¿Y cuál es el valor de las cosas en general?

-Pues depende de cada cosa –le respondió su mamá.

La princesa rió:

-¡Ja! ¡Vosotros tampoco sabéis!

Los reyes se miraron:

-A esta hay que casarla cuanto antes y que se la lleven de aquí.

-Será la mejor, sí.

Pero la princesa caprichosa se marchó tan feliz y gritando:

-¡Os gané, os gané! ¡Soy más lista que vosotros! ¡Os gané…!