Un mundo entero

Érase una vez un niño que escribió a los Reyes Magos pidiéndoles un mundo entero. Melchor, intrigado, pasó la carta a Gaspar. Este, sin comprender, se la tendió a Baltasar.

—¿Qué quiere decir?

Baltasar, que siempre había sido el más respetado de los tres porque ganó su corona en combate y no lo vencía ni un león, sonrió.

—Está claro. Es un niño ecologista. Sabe que su mundo perece y pide otro para tener repuesto.

—¡Pues a ver qué le llevamos! -bufó el rey Melchor.

—Yo me encargo -dijo Baltasar.

Y la noche de reyes el niño ecologista se encontró al mismísimo rey negro en su habitación. Le tendió un libro enorme sobre el Universo.

—Nos has pedido un mundo, pero hay muchísimos y no sabemos cuál quieres. Así que estudia esto y cuando elijas uno nos lo haces saber. Eso sí, que no haya humanos en él, si quieres que te dure, porque ya sabes cómo somos.

Y el niño ecologista, feliz, se puso a estudiar y acabó siendo un gran astrónomo.

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