La pirata bucanera

1 diciembre 2012

niña pirata-¡Mamá, mamá, he decidido ser pirata bucanera!

A  la mamá de Lucía, 9 años recién cumplidos, casi le da un algo.

-¡Jesús, bendito! ¿Y eso? Los piratas son gente malísima.

-Yo seré una pirata buena, pero muy aventurera.

-¡Y encima “bucanera”! ¿Pero tú sabe lo que significa esa palabra?

-No. Pero, ¿a que suena chulo?

La mamá se  puso muy, muy seria; se cruzó de brazos y le dijo:

-Mira, Lucía. Quítate esa idea de la cabeza. ¡Jamás serás pirata!

A Lucía se le borró la sonrisa de la cara y la miró muy compungida:

-¿Ni en la fiesta de disfraces de mi cole?

-Bueno, eso es otra cosa. Para eso sí, claro, faltaría más.

Ahora fue Lucía la que se cruzó de brazos y miró a su madre, retadora:

-¡Pero si no hablaba de otra cosa!

La cara de la mamá se puso roja y tuvo una tos muy repentina.

-Eeeeehhh… Bueno…. Pues perdona… No sé qué me pasó por la cabeza…

Y Lucía, moviendo la cabeza, dijo:

-A estas mamás tan sobreprotectoras es lo que les pasa, que de vez en cuando se les va la olla…

-¿Qué?

-… La pinza.

-¿Cómo?

-Nada, mamá, nada. Relájate. Ya pasó todo.

Y Lucía se fue, sin decir más, a su alcoba. Allí se puso el disfraz de pirata bucanero que ya tenía en el armario. Y antes de que la llamaran a comer, cruzó los siete mares un montón de veces, haciendo frente a todo tipo de enemigos y tormentas…


Destinos cruzados.

7 marzo 2012

Esto era un rey con pata de palo y un pirata con corona dorada. Nada gustaba más al rey que hacerse a la mar y correr aventuras. Nada gustaba más al pirata que sentarse en el mejor sillón de su casa y aconsejar, con prudencia, a cuantos iban a consultarle.

Un día, por puro azar, se conocieron.

Y dijo el rey de la pata de palo:

-Oye, ¿yu y yo no estaremos cambiados?

El pirata prudente y reflexivo asintió.

-Quizá en el hospital, cuando nacimos, alguien, queriendo o sin querer, nos cambió de cuna… Y de destino.

El rey navegante  y aventurero, preguntó:

-¿Quieres que lo arreglemos e intercambiemos vidas?

El pirata prudente lo miró sorprendido:

-¿Sugieres que me vaya a vivir como un pirata, pese que no me gusta viajar y en los barcos me mareo?

El rey aventurero meneó la cabeza:

-¡Diablos! Tienes razón. Yo tampoco soportaría estar encerrado en casa, sin mi barco y mis aventuras.

Se dijeron adiós. Y, que se sepa, nunca volvieron a verse.