La reina Berenjena

9 agosto 2013

mini-berenjenaEsto era una reina

a la que llamaban

Berenjena

por tener una nariz

terriblemente fea.

“Arregla esta cosa

y te colmaré de riquezas”.

Eso dijo un día

a su mejor hechicera.

Pero solo obtuvo

la siguiente respuesta:

“Tal y como es

tu nariz es perfecta

pues huele las rosas

y la lluvia de tormenta”.

Suspiro resignada

la reina Berenjena:

“¡Como se nota

que esta mujer es ciega!”


Mariano y el rey

25 febrero 2013

coronaEsto era un rey sin corona al que un día le llegó su primer ministro, muy alterado.

-¡Dimito, Majestad!

-Pero hombre, Maríano, ¿qué te sucede? -le dijo el rey, confianzudo y campechano.

-¡Estoy hasta la coronilla!

El rey rió de buen grado.

-¿Lo ves? ¿Por qué crees que yo soy un rey sin corona?

El primero ministro lo miró perplejo.

-No entiendo…

-Yo, corona; tu, coronilla… ¿No lo coges?

El primer ministro volvió a su despacho, murmurando entre dientes:

-¡Esto es la monda! Hasta el rey se cree un chistoso.

El rey se recostó en su sillón y murmuró cuando volvió a quedar solo:

-Con éstos, o te haces el tonto o te la preparan…

Y colorín, colorado.


La princesa y el peine

29 octubre 2012

Esto era una princesa muy, pero que muy caprichosa. Tenía a sus papás hasta la mismísima corona real con sus caprichos. Un día le dijeron:

-Tu problema es que no sabes ni lo que vale un peine.

-¿Y qué vale un peine? –preguntó ella.

-Depende de su calidad –respondió la reina.

La princesa rió:

-¡Ja! ¡Vosotros tampoco sabéis!

El rey suspiró:

-A ver, hija. Solo era una forma de hablar. Queremos decir que tu problema es que has nacido en un palacio y no tienes ni idea del valor de las cosas en general.

La princesa se quedó pensativa.

-¿Y cuál es el valor de las cosas en general?

-Pues depende de cada cosa –le respondió su mamá.

La princesa rió:

-¡Ja! ¡Vosotros tampoco sabéis!

Los reyes se miraron:

-A esta hay que casarla cuanto antes y que se la lleven de aquí.

-Será la mejor, sí.

Pero la princesa caprichosa se marchó tan feliz y gritando:

-¡Os gané, os gané! ¡Soy más lista que vosotros! ¡Os gané…!


El rey más feliz

29 mayo 2012

Esto era un rey que no tenía ministros ni caballeros.

Solo tenía un castillo y un buen cocinero.

Así que era un rey feliz con los más exquisitos buñuelos.


Caza mayor

27 abril 2012

Esto era un elefante que dijo un día:

-Me voy a cazar reyes

-¿¿Qué?? -barritaron con escándalo todos sus colegas de trompa.

-Sí, qué pasa. Me gusta la caza mayor. Y no hay mayor caza que la de reyes.

Lo tuvieron que encerrar, porque en la selva son muy serios para estos asuntos  y no dejan salir, así como así, a cazar.

Hombre, salvo los carnívoros, que tienen licencia, pero solo si hay hambre.


Los reyes de Baraja

11 abril 2012

Esto era una reino que tenía cuatro reyes: el de espadas, el de bastos, el de oros y el de copas. Se llamaba Baraja.

En cierta ocasión, dijo el rey de espadas:

-Yo debo ser el único rey, porque tengo espada y os puedo matar.

-Calla o te arreo con mi enorme porra -replicó el rey de bastos, con cara de pocos amigos.

-¿Y que creeis? ¿Que la copa de ganador me la han dado a mi en la tómbola o porque sí? Gano en todo, así que no me pongáis a preuba -terció el rey de copas.

-El dinero mata mata más que una espada, hace más daño que cualquier porra y compra los trofeos o copas que quiere. Así que decidme, ¿quién manda de veras aquí? -preguntó, despectivo, el rey de oros.

Y los otros tres reyes, con cara de fastidio, le dijeron “amén”; o sea, que era él quien tenía razón.


Destinos cruzados.

7 marzo 2012

Esto era un rey con pata de palo y un pirata con corona dorada. Nada gustaba más al rey que hacerse a la mar y correr aventuras. Nada gustaba más al pirata que sentarse en el mejor sillón de su casa y aconsejar, con prudencia, a cuantos iban a consultarle.

Un día, por puro azar, se conocieron.

Y dijo el rey de la pata de palo:

-Oye, ¿yu y yo no estaremos cambiados?

El pirata prudente y reflexivo asintió.

-Quizá en el hospital, cuando nacimos, alguien, queriendo o sin querer, nos cambió de cuna… Y de destino.

El rey navegante  y aventurero, preguntó:

-¿Quieres que lo arreglemos e intercambiemos vidas?

El pirata prudente lo miró sorprendido:

-¿Sugieres que me vaya a vivir como un pirata, pese que no me gusta viajar y en los barcos me mareo?

El rey aventurero meneó la cabeza:

-¡Diablos! Tienes razón. Yo tampoco soportaría estar encerrado en casa, sin mi barco y mis aventuras.

Se dijeron adiós. Y, que se sepa, nunca volvieron a verse.