Un lobo en la farmacia

11 febrero 2013

lobo-2Esto era un lobo que entró en una Farmacia.

-¿Tiene algo para el dolor de dientes?

-Claro. Tomese estas pastillas.

El lobo abrió la caja, cogió una y se la tragó.

-¿Y tiene algo para afilar los colmillos?

-Claro. Mire, pruebe con esta lima.

El lobo se limó y afiló los colmillos allí mismo. Después se comió al farmaceútico.

Salió más contento que un ocho.

-Da gusto estos sitios donde te quitan los males y te dan de comer.


El lobo vegetariano

8 enero 2013

lobo vgetarianoEsto era un lobo que no comía carne. No la podía soportar. No le gustaba. Si veía un rebaño, las ovejas se asustaban, pero él también.

-¡Uf, qué asco! No me comería eso en la vida.

Lo que le gustaba a aquel lobo eran las verduras. Eso le chiflaba. Y en cuanto veía un huerto bien cultivado, se lanzaba en plancha sobre las lechugas.

Las lechugas gritaban:

-¡Socorro, socorro…!

Pero él ni siquiera las oía, porque los vegetales no hablan en la misma onda que los animales y por eso no pueden comunicarse.

-¡Qué ricas!

Se comía todas las que podía y dejaban los huertos hechos una pena. Cuando se iba, el hortelano enterraba llorando los restos de las lechugas muertas, rezaba por las ausentes y calmaba a las pocas supervivientes.

-Con un poco de suerte, no volveremos a verlo. Es el único lobo vegetariano que existe en el mundo.

-¡Que fatalidad! –Exclamaba una vieja lechuga-. ¡Que los dioses de las verduras lo castiguen por no conformarse con comer a sus semejantes!

-Amén.

Y el pobre lobo, ni comiendo verduras, logró tener buena fama.


Terencio y el lobo

8 noviembre 2012

Esto era un lobo que tenía asustadísimo al rebaño del bueno de Terencio, el hijo de la señora Terenciana.

-¿Y cómo es que tiene tan asustadas a tus ovejas? ¿Cuántas ha comido ya? –Le preguntó un día la señora Terenciana a su hijo.

-No ha comido ninguna, madre. Solo es que espera al rebaño escondido tras cualquier matorral y cuando pasamos desprevenidos, da un gran salto gritando “¡¡¡Tras!!!”. Y todas se llevan un susto de muerte. Incluso yo.

A la señora Terenciana no se le han cerrado los ojos aún, de tanto como los abrió.