Mariano y el rey

coronaEsto era un rey sin corona al que un día le llegó su primer ministro, muy alterado.

-¡Dimito, Majestad!

-Pero hombre, Maríano, ¿qué te sucede? -le dijo el rey, confianzudo y campechano.

-¡Estoy hasta la coronilla!

El rey rió de buen grado.

-¿Lo ves? ¿Por qué crees que yo soy un rey sin corona?

El primero ministro lo miró perplejo.

-No entiendo…

-Yo, corona; tu, coronilla… ¿No lo coges?

El primer ministro volvió a su despacho, murmurando entre dientes:

-¡Esto es la monda! Hasta el rey se cree un chistoso.

El rey se recostó en su sillón y murmuró cuando volvió a quedar solo:

-Con éstos, o te haces el tonto o te la preparan…

Y colorín, colorado.

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