El gigante sordo

Esto era una vez un gigante un poco sordo.

Un día lo llamaron gigante,

pero él entendió guisante

y aplastó a quien le había llamado.

Otro día le gritaron: “¡Oye!”.

Pero él entendió: “¡Borde!”.

y aplastó a quien le había gritado.

En otra ocasión lo llamaron “idiota”,

pero él entendió “gaviota”,

le pareció la mar de bonito

y acarició a quien le había insultado.

O sea que la sordera no siempre es tan mala.

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