Un oso solitario encontró un día a otro oso.
-Hola, ¿estás solo?
-A ver. Con los osos nadie quiere estar.
-¿Por qué será?
-Porque cuando nos ponemos a comer no dejamos nada para los demás.
-Pero eso puede cambiar. ¿Qué tal si tu y yo seguimos juntos un tiempo para comprobarlo.
-Vale.
Algún tiempo después, uno de los osos cazó una foca y se la comió, sin esperar al amigo. Cuando este se enteró, le dijo:
-¿Cómo? ¿Te comiste tu solo la foca entera sin esperarme?
-No, no. Yo solo, no. Vinieron otros dos osos y compartimos la comida.
-¿Y dónde estás esos otros dos osos?
El so se miró la barriga, abultada como una luna llena.
-Dentro de mi. Mi apetito siempre es el triple de lo normal.
Y el oso solitario volvió a serlo, al marcharse el otro oso apresurada y rápidamente de allí.
Escrito por Braulio Llamero 







