El bueno de Zenón reunió un día a los animales de su granja y les dijo:
-¿Queréis ver un peli?
No hubo respuesta y Zenón se rascó la cabeza por debajo de la boina.
-Comprendo. No sabéis ni lo que es. Pobres. Ahora os traigo una tele.
El bueno de Zenón colocó una televisión en medio de corral. La encendió y dijo:
-Van a echar “Dumbo”. Esa os gusta seguro.
Los animales vieron una peli por primera vez. Y a todos les gustó una barbaridad. Cuando acabó, se dispersaron contentos y mugiendo, cacareando o rebuznando sobre lo que más les había gustado. Solo un animal se quedó inmóvil, sin decir nada y mirando el televisor aunque ya estaba apagado. Era el perro salchicha del bueno de Zenón.
-¿Y ti qué te pasa? La peli se terminó, vete a jugar.
-Quiero ser “Dumbo” –dijo el perro salchicha
-Pero si no eres un elefante. Ni tienes los orejones de “Dumbo”.
-Da igual. Quiero ser “Dumbo”.
Zenón se puso de rodillas y lo acarició.
-Te comprendo. Yo también quiero ser siempre el guapo de las películas. Pero…
-¿Pero qué?
-Pero siempre sigo siendo Zenón.
-No lo pillo.
Zenón se fue y el perro se puso a mover las orejas para intentar volar. No lo consiguió. Pero desde entonces tuvo nombre propio en la granja.
-¡Hola, Perrodumbo!
-¡Adiós, Perrodumbo!
Y como Perrodumbo se quedó por los siglos de los siglos, amén.
Escrito por Braulio Llamero 










