En cierta ocasión, un loro se enamoró de una lora.
-Daría mi vida por darte un beso -le soltó.
Y la lora respondió con asombro:
-¡Pero si las aves no tenemos labios!
-¿Y qué?
-Pues que sin labios no se puede besar.
El loro enamorado se rascó la barriga.
-¡Oh, vaya! Pues daría mi vida porque nos diéramos un pico,
(Y de ahí lo de “darse un pico”, que dicen los jóvenes de ahora, cuando se besan, pero de modo breve y superficial: ¡menudos pájaros!)










Jajaja. Estás muy romántico últimamente Braulio, entre milbesos y este, jajaja.
Me alegra ver que te divierto, R.
Se dice la lora, no la loro.
La yegua y no la caballo.
La pAjara y no la pAjaro, etc.
Pues corregido y muchas gracias, amigo.