La vaca obstinada

Había una vez una vaca que quiso ser piloto de Fórmula Uno. Se presentó por ello ante los responsables de una de las grandes escuderías, proclamando su vocación. La rechazaron de inmediato… por pesar demasiado.

La vaca, obstinada, se puso a dieta y fue al gimnasio durante mucho tiempo. Volvió a la escudería y le dijeron que su peso era válido, pero que iba sobrada de patas y falta de manos para coger el volante.

La vaca, obstinada, operó dos de sus extremidades en la mejor clínica de vacuno del mundo. Sus patas delanteras se transformaron en manos. Volvió a la escudería:

-No podemos admitirla porque sus cuernos le impedirían colocarse el casco, que es obligatorio.

La vaca, obstinada, regresó a la clínica para que desapareciera su cornamenta.

-Todo nuestros pilotos son machos y usted es vaca –le dijeron entonces.

La vaca, obstinado, se operó para transformarse en toro. Regresó a la escudería, cuyo color dominante era el rojo. Su repentina naturaleza de toro se apoderó de ella y embistió contra todo lo que llevaba ese color, incluidos los máximos responsables de la escudería, a los que hizo volar por los aires, pese a carecer de cuernos.

-¡Te admitimos como piloto! –gritó uno de ellos, aterrado.

Pero la vaca obstinada que ya no era vaca se dejó de obstinar:

-Con tanto cambio, ni soy lo que era ni quiero lo que quería. ¡Que os den!

Escribe un comentario